Versículos sobre Nuestro Sumo Sacerdote
13 versículos sobre Nuestro Sumo Sacerdote para leer, meditar y memorizar.
Tenemos, entonces, un gran sumo sacerdote que ha pasado a través de los cielos: Jesús, el Hijo de Dios. Así que aferrémonos con firmeza a la confesión que hacemos.
Porque el sumo sacerdote que tenemos no es uno que no pueda compartir lo que sentimos en nuestras debilidades; él ha sido puesto a prueba en todo, igual que nosotros, pero sin pecar.
Así pues, con confianza, acerquémonos al trono de la gracia, para recibir misericordia y hallar una gracia que nos ayude justo cuando hace falta.
Este es el sumo sacerdote que corresponde a nuestra necesidad: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos.
Pero Cristo vino como sumo sacerdote de los bienes que ya han llegado. A través del tabernáculo mayor y más perfecto, no hecho por manos ni perteneciente a esta creación, y no por medio de la sangre de machos cabríos y becerros, sino de su propia sangre, entró en el santuario una vez para siempre y obtuvo una redención eterna.
Por eso era necesario que se hiciera semejante a sus hermanos en todo, para ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en todo lo que tiene que ver con Dios, y hacer expiación por los pecados del pueblo.
Del mismo modo, Cristo no se dio a sí mismo la gloria de llegar a ser sumo sacerdote. Esa gloria vino del que le dijo: «Tú eres mi Hijo; hoy te he engendrado». Como también dice en otro lugar: «Tú eres sacerdote para siempre, del orden de Melquisedec».
Por eso puede salvar por completo a los que se acercan a Dios por medio de él, pues está siempre vivo para rogar a favor de ellos.
Este es el centro de lo que estamos diciendo. Nuestro sumo sacerdote es uno que ha tomado asiento a la derecha del trono de la Majestad en el cielo,
Y tenemos un gran sacerdote que está al frente de la casa de Dios.
Así pues, hermanos santos, compañeros en un llamamiento celestial, fijen la mente en Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de la confesión que hacemos.
Allí entró Jesús antes que nosotros y a favor nuestro, como precursor, convertido en sumo sacerdote para siempre, del orden de Melquisedec.
pero él permanece para siempre, y por eso el sacerdocio que tiene nunca pasará a otro.