Versículos sobre El sentir de Cristo en nosotros
15 versículos sobre El sentir de Cristo en nosotros para leer, meditar y memorizar.
Entre ustedes, piensen de la manera en que pensó también Cristo Jesús,
quien, siendo en forma de Dios, no trató el ser igual a Dios como algo que aprovechar para sí mismo. Al contrario, se vació a sí mismo, tomando la forma de siervo y llegando a ser semejante a los seres humanos. Y, mostrándose en forma exterior como un ser humano,
Porque «¿quién ha conocido jamás la mente del Señor como para darle instrucciones?». Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.
Que Dios, que da perseverancia y aliento, les conceda vivir en armonía unos con otros, como Cristo Jesús quiere,
Fijen sus pensamientos en lo que está arriba, no en lo que está en la tierra.
No dejen que esta era presente los meta en su molde; al contrario, déjense transformar por completo a medida que su mente se renueva. Entonces serán capaces de examinar y reconocer la voluntad de Dios: lo que es bueno, agradable y perfecto.
llenen mi alegría hasta el borde: tengan un mismo sentir, conserven el mismo amor, estén unidos de corazón y pongan la mente en un mismo propósito.
Así pues, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, ármense también ustedes con la misma determinación, porque quien ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado.
a dejarse renovar en el espíritu de su mente;
Los que están bajo el dominio de la carne tienen la mente puesta en lo que interesa a la carne, pero los que están bajo el dominio del Espíritu, en lo que interesa al Espíritu. La manera de pensar de la carne significa muerte, pero la manera de pensar del Espíritu significa vida y paz.
Ya que han sido resucitados con Cristo, busquen lo que está arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Fijen sus pensamientos en lo que está arriba, no en lo que está en la tierra.
Nosotros, por nuestra parte, no hemos recibido el espíritu del mundo. Hemos recibido el Espíritu que viene de Dios, para que reconozcamos todo lo que Dios nos ha concedido por gracia.
Ya no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí. Lo que aún me queda de vida en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mi bien.
Por último, hermanos: todo lo que sea verdadero, respetable, justo, puro, amable y de buena reputación, toda virtud y todo lo que merezca elogio, que eso ocupe sus pensamientos.
y toda torre orgullosa que se levanta contra el conocimiento de Dios. Capturamos todo pensamiento y lo llevamos a obedecer a Cristo.